La exportación de servicios dejó de ser un fenómeno exclusivo de las grandes ciudades: estudios de ingeniería, desarrolladoras de software y consultoras del interior facturan a clientes del exterior desde ciudades que hace una década no aparecían en el mapa exportador.
El trabajo remoto y la búsqueda global de talento abrieron la puerta; la calidad y el huso horario compatible con América del Norte hicieron el resto. Las universidades del interior cumplen un rol central como semillero de estos equipos.
Los especialistas en comercio exterior remarcan que el desafío es formalizar: facturar correctamente al exterior es más simple de lo que la mayoría de las empresas cree.