El financiamiento productivo dejó de ser sinónimo de descubierto bancario: el cheque electrónico, la factura de crédito, los pagarés bursátiles y las obligaciones negociables pyme ampliaron un menú que muchas empresas todavía no exploran del todo.
El mercado de capitales se volvió una alternativa concreta para el capital de trabajo, con tasas que compiten y plazos que se adaptan mejor al ciclo productivo. Las sociedades de garantía recíproca son la llave de entrada para las empresas sin historial bursátil.
La regla que repiten los especialistas: comparar siempre el costo financiero total y calzar el plazo del financiamiento con el ciclo del negocio, no con la urgencia del momento.