Detrás de cada economía regional competitiva hay un trípode de infraestructura funcionando: caminos que aguantan la salida de la producción, energía de calidad para agregar valor en origen y conectividad digital para integrarse a los mercados.
El estado de los caminos rurales sigue siendo el reclamo más transversal del interior productivo: define desde el costo del flete corto hasta la posibilidad misma de sacar la producción en años húmedos. Los consorcios camineros muestran que la gestión asociada funciona.
La buena noticia es que cada peso invertido en este trípode tiene retorno medible en producción, empleo y arraigo. La agenda está clara; la constancia en ejecutarla es el verdadero desafío.