Cuando se habla de competitividad se piensa en impuestos y salarios, pero hay una variable silenciosa que define márgenes todos los días: el costo logístico. Del campo al puerto y de la fábrica a la góndola, el flete es el peaje invisible de la producción argentina.
Las distancias del país productivo convierten cada mejora de infraestructura —un acceso pavimentado, una playa de camiones, un desvío ferroviario— en rentabilidad directa para las economías regionales. La agenda logística es, en el fondo, agenda de federalismo económico.
Mientras tanto, la colaboración entre empresas para compartir cargas y optimizar viajes de retorno aparece como la herramienta más rápida para bajar el costo sin esperar obras.