Los fines de semana largos volvieron a mostrar su poder de fuego: los destinos ubicados a menos de cuatro horas de los grandes centros urbanos concentran la mayoría de las reservas y agotan la oferta de alojamiento con semanas de anticipación.
El fenómeno de la escapada corta reordenó al sector: la hotelería ajustó sus paquetes a estadías de dos y tres noches, y la gastronomía y las actividades al aire libre se convirtieron en el diferencial que define la elección del destino.
Los municipios turísticos apuestan a calendarios de eventos —ferias, festivales, fiestas populares— para convertir cada fin de semana largo en temporada alta.