Hay un mapa exportador que no sale en los medios: el de las pymes que venden al mundo desde ciudades medianas del interior. Metalúrgicas, alimenticias, desarrolladoras de software y fabricantes de maquinaria que convirtieron la especialización en pasaporte.
Sus fundadores repiten una misma fórmula: elegir un nicho, hacerlo mejor que nadie y construir reputación cliente por cliente. La lejanía de los grandes centros, aseguran, los obligó a ser más profesionales antes: sin vidriera, la calidad es la única publicidad.
El arraigo es parte del modelo: producir donde se vive, emplear vecinos y demostrar que no hace falta mudarse para crecer.