La fruta fina patagónica consolida su lugar en las góndolas más exigentes del mundo: cerezas, frutos rojos y peras tempranas aprovechan ventanas de contraestación con precios diferenciales para la fruta certificada.
Las certificaciones de calidad e inocuidad dejaron de ser un lujo para convertirse en el pasaporte de entrada a los mercados premium. Los productores que las incorporaron destacan además el efecto ordenador que tienen sobre toda la gestión del establecimiento.
La logística de frío y la conectividad aérea de carga siguen siendo los factores que definen cuánto de ese potencial se convierte en negocio.