La vitivinicultura cuyana profundiza su estrategia de valor: más vino fraccionado en origen y menos granel, para capturar en la botella el prestigio construido por la marca país vitivinícola en los mercados internacionales.
Las bodegas medianas encontraron en los varietales de altura y las etiquetas de partidas limitadas un camino para diferenciarse. El enoturismo, además, se consolidó como canal de venta directa y como vidriera internacional.
El riego eficiente y el acceso al financiamiento para reconversión de viñedos aparecen como las claves competitivas de la próxima década.