El ladrillo turístico suma un nuevo perfil de inversor: profesionales y empresas que se vuelcan a complejos de cabañas y hosterías boutique en destinos consolidados, buscando una renta en moneda dura y un activo de disfrute propio.
Los desarrolladores destacan que la ecuación cierra cuando la gestión es profesional: tarifas dinámicas, presencia en las plataformas de reserva y estándares de servicio parejos. La escala chica, bien administrada, muestra ocupaciones que sorprenden.
Los destinos emergentes con buena conectividad y oferta gastronómica en crecimiento aparecen como la próxima frontera para este tipo de inversión.