El turismo de naturaleza se consolidó como el gran sostén de la ocupación fuera de las temporadas clásicas. Senderismo, avistaje de fauna, termas y gastronomía regional arman un calendario que ya no depende solo del verano y las vacaciones de invierno.
Los destinos que invirtieron en senderos señalizados, centros de interpretación y capacitación de guías reportan estadías más largas y un gasto promedio superior. El visitante de naturaleza, señalan los operadores, planifica más y vuelve más.
Las agencias de viaje del interior ven en este segmento la oportunidad de desestacionalizar el empleo turístico, históricamente atado a los picos de temporada.